viernes, 20 de febrero de 2009

¿¡Por qué!?

Cuando más te mueres de calor alguien compra la última coca-cola helada de la tienda...

Cuando más te mueres por jugar una pichanga alguien revienta la pelota...


Cuando más te destruyes por ir al baño algún perrito aparece para orinar frente a ti...


Cuando más te mueres de sueño, siempre hay algo que te mantiene despierto... un buen rato más.


Desde chico me preguntaba si era el único al que le pasaban estas cosas. Luego, cuando crecí, me dijeron que se llamaban "insights" o "situaciones comunes". Lo cierto es que todas me han pasado, me pasan o -estoy seguro- alguna vez me pasarán.


Si no, fíjense en los videos que narran las ocurrencias de ayer, justo cuando pensaba en lo que escribiría para este post...


...Es increíble cómo el sueño daña la cordura... Perdón.


I acto
video

II acto
video

III acto
video

P.D.: Debo incluir en los créditos de esta historia a mi Gorda, el contacto con la realidad que me salvó de la insania. ¡Gracias!

jueves, 5 de febrero de 2009

Gente

Desde hace unos días han estado rondando por mi cabeza recuerdos de una serie de situaciones, caras, frases, gestos y reacciones de algunos eventos desafortunados que me tocaron vivir durante esta semana, momentos que, ciertamente, no valen la pena recordar. Ya renegué suficiente con esos individuos, a quienes cariñosamente llamo: “gente de mierda”. (Obviamente eso fue sarcasmo).

¿Cómo es, no?


A veces es suficiente que un par de tarados te recuerden lo mucho que puedes llegar a molestarte para despertar ese lado maligno que se alimenta con cada cierre de combi, con cada taxista malcriado, con un comentario injusto, etc. Lo peor de todo es que esta “gente de mierda” no sólo se contenta con despertar nuestro lado oscuro con facilidad y velocidad temibles, sino que además, la ponen a prueba una y otra vez.


Felizmente (y gracias a Dios) otra vez se cumple el ying-yang: ese delicado e incomprendido equilibrio que tan poco conozco y que tanto necesito me ha devuelto la fe en la especie humana a través de un viejo, pero completamente noble taxista. (Ya sé, no lo conozco ni sé su historia, pero les juro que si hubieran estado ahí conmigo y mi flaca hubieran entendido a qué me refiero.)


Él era uno de esos educadísimos personajes que imaginamos piropeando con altanería en la época en la que nuestros abuelos jironeaban en busca de una mozuela para pasar la tarde. Un personaje de cuento con moraleja, el paralelo perfecto a toda la escoria de gente con la que me tocó lidiar… es decir, un señor con el que probablemente nunca me vuelva a cruzar, pero con el que alegra haberme cruzado, pues me demostró que se puede llegar a viejo caminando por el camino correcto.


Sólo espero no haber pagado de más en vano y que en verdad sea un hombre de bien.

No sé de quién es esta ilustración, pero me gustó mucho.
¡Felicitaciones al ilustrador! (Espero no tener que pagar derechos,
la encontré en internet)